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Del viaje a Sudáfrica

Con algo de pesar por no haber podido subir a Table Mountain, finalmente hemos regresado ya a Madrid. La experiencia ha sido divertida, enriquecedora desde el punto de vista cultural, y la verdad, no me molestaría repetir alguna vez.
 
Claro, no llegó a tanto el interés cultural como para comer cocodrilo, serpiente, o algún astado como la gacela. En ese aspecto he,os sido mas bien muy modositos. El biltong -carne curada y seca- es una buena opción, las carnes en general, pero hay que destacar los vinos y los frutos de mar. Kingklip (aún no sé que pescado es, pero sabe muy bien), ostras, langostinos, calamares, pulpo, y la inevitable langosta, jeje.
 
La vida es tan cara como en Madrid, por lo menos la parte turística que conocimos (no podría ir más allá en mis comentarios para una visita de siete días) aunque sí encontramos barato el taxi, las frutas y derivados, y las copas en el bar. Aunque esto último es relativo, dado que te sirven menor cantidad, y especificando si lo quieres single or double.
 
 

Sábado 29 de Abril: La partida.  Salimos a la 1:55pm de Barajas, rumbo a Frankfurt, vía Lufthansa. Tuvimos la suerte de que nuestras maletas fueran facturadas directamente, para no tener que recojerlas en Frankfurt y andar con ellas el trayecto que, como temíamos, era de extremo a extremo, con menos de una hora para pillar el vuelo a Sudáfrica. Pufff, que manera de correr y que aeropuerto tan grande.
15:35 partimos rumbo a CapeTown. Una gozada viajar con SouthAfrican, pantalla táctil e interactiva para cada uno, pudiendo elegir las pelis o juegos.
 

Domingo 30 de Abril. Llegamos a las 5am, y tal como Antonio había predicho… nuestras maletas no llegaron. Nada, a hacer la reclamación y partir al hotel. Tampoco podíamos culparles del atraso  de nuestro equipaje, con el trasbordo de locos que tuvimos que hacer en Alemania. Mi primer choque con el inglés, más duro que puro, tanto por mi parte, como por la del acento propio sudafricano.
Nuestro chófer, un tío mu alto, rubio y amable (allá todos son o muy blancos o muy negros o muy indios, pero amables y alegres en general) llevaba una hora esperándonos fuera. Finalmente salimos rumbo al hotel, el Romney Park.
Molidos como estábamos del viaje, empezar con una sesión de masajes y limpieza de cutis en el spa del hotel nos vino de lujo. Poco lugar para salir a nuestra primera exploración de Ciudad del Cabo, con un viento terrible que hacía caer al piso hasta los muebles de hierro forjado de la terraza de nuestra suite. Finalmente nos decidimos a conocer la parte más turística de la ciudad, y que con el pasar de los días se cenvertiría en nuestro punto de referencia y casi refugio: el Waterfront. Se trata del muelle, reconvertido y recuperado en centros comerciales, restaurantes, etc, como se dice, al estilo de Barcelona o Sidney.
Noches de copas en el Bronx, un bar que nos quedaba a mitad de camino entre Waterfront y el hotel.
 

Lunes 1 de Mayo.  Excursión organizada, en grupo, al Cabo de Buena Esperanza. Nos ocupó gran parte del día. Salimos en una furgoneta, con ocho turistas más y el guía/chofer. Empezamos por la costa atlántica de Capetown, atravesando las zonas pijas de la ciudad, hasta ir bajando por CAmps Bay, Hout Bay, admirar los 12 Apóstoles (en realidad son 18 picos que forman parte de la cordillera a la que pertenece Table Mountain. Luego desvío hacia el interior de la península, siempre descendiendo. SimonsTown, la colonia de pinguinos, cruzamos la reserva natural y finalmente llegamos al GooHpe Cape, el punto más meridional de Africa (aunque los aguafiestas no pueden callar que no lo sea, es Cabo Agulas, pero cojones, dejarnos la ilusión por metros más o metros menos). Luego al faro, pasear entre los babuinos y la acostumbrada compra de souvenirs.
De regreso a la ciudad, pasamos por los jardines de Kirstenbosch y rodeo por la ciudad, pasando por el District Six, qye visitaríams por nuestra cuenta más adelante, un sitio de donde el Apartheid echó a los mestizos y arrasó con bulldozers sus viviendas. Ahora va siendo repoblado.
 

 
Martes 02 de Mayo.  Salida a Robben Island, la isla prisión que sirvió de prisión por 18 años de Nelson Mandela. Un lugar triste pero que valió la pena conocer. Aquí eran enviados los criminales comunes, los presos políticos, los enfermos de lepra, tuberculosis, polio, etc. Conocimos las canteras donde se cumplían los trabajos forzados, al parecer sólo como medio de represión, porque el material obtenido carecía de demanda alguna en el mercado…
 
(continúa…)
 
 
 
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