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No hoy, no aún.

Nada -ni nadie- merece saltar a sus fauces. Encara al monstruo, pero domestícalo.

Nunca será tu amigo, pero la tregua vale la pena. Llegará el día en que te lleve, pero no hoy, no aún.

O como decía Monseñor Cabaret: No temas a tus demonios, ponlos a hacer la colada.

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Entre tus islas y mi continente.

Entre tus islas y mi continente helado
repta el silencio
entre los cráneos sueltos
morada de pez y lágrima
repta el alga y el murmullo
furia contenida que a nadie engaña
playas infinitas, el vacío
tragando agua, aire y salitre
y el naufragio que un día
fue tu suerte y la mía.
¿Querrás mirar desde tu orilla
las tortugas moribundas
héroes de un tiempo ya perdido?
¿Querrás gritar mi nombre
y no lo harás?
No hubo anzuelos ni delfines
no hubo luna ni arrecifes
confirmo al vaivén de la marea
que era un cuerpo -el mío-
a la deriva.

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Las feministas de papel couché…

Una amiga publicó << ¡Orinar de pie, es fácil! Lo que me gustaría ver es un hombre quitarse el sujetador sin quitarse la camiseta, sangrar durante 7 días sin morirse, mantener el equilibrio sobre unos tacones aguantando toda una fiesta sin quitarselos ni quejarse, verlo ponerse un vestido ajustado, depilarse las cejas, piernas, axilas y entrepiernas sin gritar, pintarse las uñas y tener aún tiempo para ocuparse de su casa y sus hijos…(bla bla bla) >>

Mis demonios internos -¡criaturitas!- no han podido evitar replicarle “Todo eso hubiera distraido a los hombres de dominar el mundo, y aún tener tiempo para mantener la casa y criar hijos”

Me ha eliminado. 🙂

OJO: Siento el mayor respeto por las mujeres en general. Las respeto tanto que no me siento obligado a respetar a alguien que menciona la depilación o los tacones entre los máximos logros femeninos.

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Locura, la puta locura.

Decía un amigo que hay dos maneras de llegar a la locura: una es disociarse totalmente de la realidad, la otra es permanecer demasiado consciente de ella.

Me pregunto si ambas vías no son sólo tramos de un mismo camino, períodos distintos de la evolución de una misma enfermedad. No lo sé.

El caso es que a veces nos veo como un enorme experimento fallido, una broma que se salió de control. El orgulloso bípedo que se levantó contra su propio mundo.

Aprendimos a dar nombre a nuestros estados de dependencia y euforia. Así, las interacciones entre nuestros químicos recibieron nombres como Amor, Odio, Alegría.

Y así, simples bolsas orgánicas pensantes, contenedores ambulantes de excremento, macrovirus parlantes, vamos envaneciéndonos en nuestros triunfos, que no son otra cosa que el dominio de las trabas que nosotros mismos hemos creado. Alergias, rascacielos, asma, Internet, hipotecas, préstamos, tarjetas de crédito, salvación, sexo, matrimonio, hijos, Dios, salvemos a las ballenas, etc., etc…

Relaciones interdependientes, loas mutuas, intrigas, rencores. Todo dispuesto en caótico orden  de ideas y conceptos para servir al más viejo y duradero amo que tenemos: el ego.

Y competimos a ver quien es el más pío, o maldito, o cínico, u original, o extravagante, o normal, el más exitoso, o acaso el más modesto. Sigue girando la rueda, con su colección de símbolos a gusto de cada uno, y si no te gustan, pues fingirás que te gustan, o los aceptarás sin pensar si te gustan o no. Porque están ahí, desde siempre. O así lo creemos.

¿A quien se le ocurrió pensar que el Amor lo puede todo? Obviamente a alguien que pretendió con ello darnos una lección de vida y esperanza. No lo logró. En su lugar, creó una eterna y frustrante pesadilla, donde todos naufragamos navegando hacia una isla que no existe. Llamamos así a la costumbre, a la amistad sexual, o a nuestra suprema vanidad de creernos mejor que otros por estar -incluso- dispuestos a dar nuestra vida por alguien más. ¿Nos lleva realmente el Amor al sacrificio, o es el sacrificio una forma que tenemos para justificar la creencia en nuestra manoseada palabra, Amor?

El caso es que luchamos contra nuestra propia naturaleza, y pretendemos ser más auténticos cuanto más intentamos deshacernos de nuestros impulsos básicos. Matar, comer, dormir, copular, llorar. Todas actividades reguladas, para seguir en pie de lucha hacia la modernidad. Somos racistas, segregacionistas, supersticiosos, curiosos, dominantes. Pero no el hombre del mañana. Y en su consecución nos
sometemos a una letal poda que sólo deja una máscara vacía, donde la mano ajena pinta garabatos copiados y los titula Realización Personal.

Creamos nuestras propias pesadillas, y las creemos sueños plácidos. Luchamos vanamente por alcanzar el cielo a dos manos, corriendo el riesgo de ser llamados Fracasados al fallar nuestra inútil carrera, o ser llevados a la Gloria en el recuerdo colectivo, si fuimos tan tontos como para hacer pública nuestra pérdida de tiempo y esfuerzo, de manera tan consagrada y honesta, que a todos suena a Abnegación, cuando sólo se trató de sorda obstinación en lo Imposible.

Capa tras capa, corte tras corte, envolturas artificiales para sepultar nuestro núcleo primitivo.

Quizás sea la locura la alternativa más cuerda de huir de nuestros castillos de naipes. Tal vez el orate que camina hecho un bulto de miseria y desnudez por la calle ya aprendió a discernir la vana esencia de nuestras construcciones. ¿Deberíamos estarle agradecidos? No sé, en cambio, lo encerramos y a punta de pastillas y tratamientos tratamos de cerrarle los ojos y devolverle a nuestro infierno cotidiano…

(2001)

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Va de finales y finales.

Como en esa relación donde daba igual que él la diese por terminada, porque ella hace rato que hacía sus planes propios, sin tomarle en cuenta, si acaso para que le llevara las maletas al aeropuerto.
Algo parecido a mi más reciente colaboración voluntaria, donde por lo visto pinto -o nunca pinté- un pimiento.
Así que nada, pasar página, porque no sirve de mucho una renuncia oficial que nadie responderá o siquiera leerá, visto lo visto. No me tomaré la molestia.
Al menos me quedan un par de amigos de esa experiencia, que ya es bastante, con los tiempos que corren.

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Pesadilla

He despertado frío y sobresaltado. El edificio entero sin luz ni teléfono. Tengo la extraña sensación que un rayo ha caído cerca, rezago de un mal sueño que aún me eriza…

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Zeus adolescente